
Publicado el día 04/06/2020
Más allá de una simple infección virus del papiloma humano y tratamiento con ozono
El Virus del Papiloma Humano (VPH) es una infección que toda mujer sexualmente activa tiene riesgo de contraer, de hecho 6 de cada 10 mujeres estarán infectadas tras el debut sexual y el 80% de la población habrá estado en contacto con un VPH a lo largo de su vida. Los beneficios absolutos de la vacunación poblacional todavía están por llegar si bien ya hay datos que nos indican que está funcionando bien, y que en el futuro seremos capaces de disminuir la incidencia del cáncer de cuello de útero, pero por el momento la realidad es que hay muchas personas infectadas con o sin patología derivada de la infección.
Frecuentemente se confunden conceptos, las verrugas genitales están producidas por VPH, pero en este caso por tipos de bajo riesgo, llamados así porque no tienen capacidad de producir cáncer, sin embargo las lesiones precancerígenas del cuello del útero, están producidas por VPH de alto riesgo que si tienen esa capacidad de malignización.
Las Sociedades Científicas nos proporcionan unas clara pautas de actuación sobretodo cuando existen ya cambios precancerígenos en las células del cuello o ante la aparición de verrugas genitales, pero ya nos son tan claras cuando existe una persistencia de la infección que suele ocurrir en el 10% de pacientes infectadas y que tras 2 años de seguimiento pasivo, no han logrado negativizar el virus.
Entre las recomendaciones más extensamente divulgadas son el cese del tabaco, el uso de preservativo y la vacunación en caso de no haber sido previamente administrada, pero son menos conocidas el concepto de inmunosenescencia (envejecimiento progresivo del sistema inmunitario) o la inmunosupresión.
Cada vez son más las publicaciones científicas que hablan de inflamación crónica y estrés oxidativo como mecanismo de la persistencia de la infección y progresión a cáncer. En sí misma la inflamación no es mala, de hecho es la primera barrera de defensa de nuestro organismo contra un estímulo dañino. Todo empieza con la llegada de células inmunes al lugar de la inflamación y la liberación de diferentes sustancias llamados mediadores, que servirán para reclutar a más células cuya función será la de neutralizar al virus. Esta inflamación se volverá crónica cuando nuestras células tengan agotadas esta capacidad de neutralización o el estímulo nocivo persista en el tiempo. Hoy en día sabemos que esta inflamación crónica es causante de enfermedades cardiovascualres, pulmonares, neurológicas incluso el cáncer por estimulación de la transformación de las células normales, la proliferación de células anormales y promover la invasión.
En esta batalla librada entre nuestras células y los virus, aparece el estrés oxidativo debido a la liberación de sustancias llamadas radicales libres, que suelen ser neutralizados en condiciones normales por los sistemas antioxidantes de nuestras células sanas. Cuando la inflamación se cronifica esos radicales libres son capaces no únicamente de destruir estructuras importantes en nuestras células sino también de producir daño en el ADN (genoma) de la células que pueden favorecer la transformación maligna. Hay que tener en cuenta que los radicales libres no siempre deben considerarse como sustancias dañinas, a niveles bajos y en condiciones normales, participan en multitud de procesos biológicos en nuestro organismo, sin embargo a niveles elevados son motivo de enfermedad.
¿Y qué tiene que ver el VPH en todo esto?
Pues el VPH tiene la capacidad de poder sobrevivir en condiciones de estrés oxidativo donde las células normales no pueden, tienen mecanismos para neutralizar el poder antioxidante de nuestras células y bloquear los mecanismos de destrucción, en definitiva son capaces de evadir la vigilancia inmune de nuestro organismo y bloquear todos los sistemas de defensa.
Numerosos estudios hablan sobre la deficiencia de micronutrientes y antioxidantes en el cáncer de cuello de útero y si bien ni hay una unificación de criterios, las recomendaciones siguen siendo la de llevar una dieta saludable.
En este sentido ya existen publicaciones sobre el papel del ozono en el tratamiento del VPH.
¿Qué es y como actúa el ozono en nuestras células?
El ozono, es un gas que actúa como un fuerte antioxidante a nivel de las envolturas del virus, tiene además una acción directa antimicrobiana, antifúngica y antivírica, y una acción inmutomoduladora, capaz de estimular las células de nuestro sistema inmune.
Por otra parte también son bien conocidos otros cofactores adicionales que perpetúan no únicamente la infección sino que también aumenta el riesgo de progresión a cáncer, hablamos de infecciones por Chlamydia o el virus del herpes genital, para los cuales el ozono sería especialmente sensible dado su alta capacidad germicida.
Por lo tanto los objetivos de la terapia de ozono son:
- Impedir que el virus se multiplique e infecte nuevas células.
- Favorecer la respuesta inmune de las células T así como la respuesta humoral B
- Re-equilibrar la respuesta inmune controlando la infección persistente y las enfermedades relacionadas.
- Neutralizar la producción de las oncoproteínas virales, implicadas en el origen y progresión del proceso neoplásico.